Cuando apoyamos a personas con TEA, la autodeterminación en el TEA de nivel 3 no desaparece por el nivel de apoyo: cambia de forma. No siempre se expresa con palabras o con decisiones grandes. A veces es elegir qué comer primero, señalar hacia dónde quiere ir, apartarse de algo que le molesta, o simplemente mostrar con el cuerpo que algo le gusta o no le gusta y todo eso también es decidir, tomar decisiones que impactan en la vida de las personas y que puede proporcionar calidad de vida o vidas condicionadas.
El error más común es confundir "necesita mucho apoyo" con "no puede decidir nada". Son cosas distintas. Lo que cambia es cómo llega esa persona a expresar su voluntad, no si la tiene, esto pone énfasis no solo en las dificultades de las personas sino sobre todo el de disponer de los apoyos y recursos necesarios.
Por eso el apoyo no consiste en decidir por ella, sino en construir los puentes para que su preferencia se pueda ver, entender y respetar: sistemas de comunicación adaptados, rutinas predecibles que dejen espacio para elegir, entornos que no la saturen, y personas alrededor entrenadas para leer sus señales, aunque sean sutiles, al margen de la presencia del nivel que presenta la persona, tenemos que asegurar diferentes aspectos que recojan que la clave es entender los apoyos como puentes no como sustitutos
La autodeterminación, aquí, no es "hacer lo que quiera sin ayuda". Es tener el derecho a que su voz —hablada o no— cuente en las decisiones sobre su propia vida.
Y si nos centramos en la Convención (CDPD) esta no dice "tienen derecho a decidir si pueden hacerlo solos". Dice que tienen derecho a que se respete su voluntad y preferencias, punto. Eso obliga a que el sistema, familias, profesionales, instituciones se adapte a la forma de comunicar de la persona, y no al revés.